5 Mitos sobre el Dinero que Debes Dejar de Creer
Nuestra cultura occidental está obsesionada con el dinero. Ya sea para idolatrarlo como la fuente de la felicidad o para demonizarlo como el origen de la corrupción, todos tienen una opinión sobre él. Sin embargo, como cristianos, no estamos llamados a seguir la corriente cultural, sino a renovar nuestro entendimiento a la luz de las Escrituras (Romanos 12:2).
Y es que a menudo, sin darnos cuenta, adoptamos ideas que suenan lógicas, pero que son bíblicamente incorrectas. Estos mitos causan confusión y afectan nuestro caminar cristiano y nuestra capacidad de glorificar a Dios con nuestros recursos. Por eso, aquí hay cinco mitos sobre el dinero que debemos dejar de creer hoy mismo si somos cristianos que creen en la Biblia como Palabra de Dios.
Mito 1: “El dinero es la raíz de todos los males”
Este mito se origina en una cita errónea de 1 Timoteo 6:10, el cual enseña que “raíz de todos los males es el amor al dinero”. Si prestas atención, notarás que la Escritura no dice que el dinero sea la raíz de todos los males, dice que el amor al dinero lo es. Ahora bien, debemos entender que no todo deseo de tener dinero califica como “amor al dinero”. Y por tanto, no todo deseo o búsqueda del dinero es raíz de todos los males.
Me gustan las palabras que escribieron los editores del Nuevo Comentario Americano:
No hay condena de la riqueza como tal, y las palabras no se aplican a alguien que anhela con nostalgia, “sería bueno tener más dinero”.1
Pablo está hablando en este pasaje sobre “los que quieren enriquecerse”; en el contexto, son personas incapaces de tener contentamiento con lo que el Señor les ha provisto y siempre quieren más. Son materialistas, con un deseo desmedido por las cosas del mundo. A ellos es a quienes Pablo les advierte que les vendrán muchos males si siguen por ese camino.
El dinero como tal no es bueno ni es malo. Es una herramienta. Y como tal, en manos de un mayordomo sabio, el dinero alimenta a los hambrientos, sostiene las misiones, cuida de la familia y bendice a la comunidad. Mientras que en manos de un mal mayordomo, el dinero compra vicios, hace posible la corrupción, arruina vidas y permite el abuso de los menos favorecidos.
El problema nunca está en la billetera, sino en el corazón. Creer que el dinero es “malo” nos lleva a una falsa espiritualidad de pobreza o a sentir culpa innecesaria por la provisión de Dios cuando él nos da abundancia.
Mito 2: “Lo que gano es mío porque yo lo trabajé”
En nuestro mundo, que nos dice que nadie vendrá a salvarnos y que dependemos enteramente de nuestro esfuerzo, es fácil caer en la trampa de Deuteronomio 8:17: “Mi poder y la fuerza de mi mano me han traído esta riqueza”. Esta cultura del esfuerzo personal nos dice que somos dueños de nuestro destino financiero. Hay un sentido en que sí, debemos ser responsables delante de Dios de trabajar diligentemente para obtener aquellas cosas que deseamos. El trabajo y el esfuerzo son medios que el Señor utiliza para bendecirnos, sin duda alguna.
Pero una cosa es trabajar y esforzarnos pensando que todo proviene de nuestras fuerzas, y otra totalmente distinta es trabajar con un entendimiento centrado en Dios como la fuente de toda buena dádiva y todo don perfecto (Stg. 1:17). La realidad teocéntrica es radicalmente distinta, porque nos permite entender que no somos dueños de nuestros bienes, sino administradores.
El Salmo 24:1 nos recuerda que “de Jehová es la tierra y su plenitud”. Todo lo que entra a tu cuenta bancaria, producto del trabajo lícito y diligente, es provisión del Señor para tu vida, y a la vez una responsabilidad para que lo administres responsablemente. Así, pues, cuando cambiamos la mentalidad de “dueños” a “mayordomos”, nuestras decisiones de gasto cambian drásticamente. Ya no preguntamos “¿qué quiero comprar?”, sino “¿Cómo quiere el dueño que use Sus recursos este mes?”.
Mito 3: “Si diezmo, puedo hacer lo que quiera con el resto”
Si tienes la costumbre de dar el 10% de tus ingresos a tu congregación, puedes llegar a pensar que todo lo que viene después de ese 10% puedes usarlo como te dé la gana. Este es un mito sutil que fragmenta nuestras finanzas. Pensamos: “Ya le di a Dios su parte (el 10%), así que Él ya no tiene nada que ver en el 90% restante”.
Pero debemos reconocer que esta visión del dinero limita el señorío de Cristo en nuestra vida. O más que limitarlo, no nos permite a nosotros vivir bajo su señorío conscientemente. Es aquí donde debemos recordar que Dios no es dueño del 10%; es dueño del 100% de nuestros recursos. El diezmo (o la ofrenda generosa que podamos dar) no es un impuesto que pagamos para que Dios nos deje en paz un mes más. Es una primicia que declara que todo viene de Él.
Ten en cuenta que una mayordomía fiel implica buscar glorificar a Dios tanto al ofrendar como al pagar la hipoteca, hacer el supermercado o ahorrar para el futuro.
Mito 4: “La deuda es una herramienta indispensable para progresar”
He visto muchos tiktoks, reels y publicaciones en redes sociales que te animan a obtener una tarjeta de crédito. “Compra como millonario con dinero ajeno”, nos dicen constantemente. El sistema financiero moderno y la cultura del consumo desmedido e irresponsable en la que vivimos nos gritan que sin crédito no podemos progresar. Pero la sabiduría de Proverbios es tajante respecto a este tema: “El que toma prestado es siervo del que presta” (Pr. 22:7).
Si bien la Biblia no prohíbe la deuda explícitamente como un pecado, sí la presenta como una carga y una forma de esclavitud. Y aquí quizás es sabio distinguir entre deudas de emergencia o necesidad y deudas de consumo. Las deudas de emergencia (problemas de salud fortuitos) y las deudas de necesidad (una hipoteca de una casa), son totalmente válidas, creo. Pero normalizar la deuda de consumo (cosas que no necesitamos, simples deseos por los que podríamos esperar un tiempo) nos roba la capacidad de ser generosos en el futuro y nos vende la ilusión de ser o tener lo que no somos ni tenemos. Contrario a esta perspectiva, la verdadera prosperidad bíblica se construye sobre la diligencia, el ahorro, la inversión y la paciencia, no sobre el dinero prestado.
Mito 5: “Tener mucho es señal de bendición (o tener poco es señal de santidad)”
El mundo cristiano está lleno de círculos con distintas perspectivas sobre el dinero. Y dependiendo de tu círculo y sus convicciones teológicas, puedes caer en uno de dos extremos. Algunos creen que la riqueza es una señal inequívoca del favor de Dios (por ejemplo, el evangelio de la prosperidad). Otros creen que la pobreza es una virtud y que tener recursos es mundano.
Sin embargo, ambos grupos están equivocados. Y para muestra, un botón. El Apóstol Pablo nos enseña el secreto en Filipenses 4:12:
“Sé vivir humildemente, y sé tener abundancia”.
El apóstol Pablo estaba entrenado en el arte de tener contentamiento, cualquiera que fuera su situación financiera. Sí, el contentamiento se aprende. Y esta capacidad deberíamos buscarla todos los cristianos. Por un lado, la bendición de Dios no es evidenciada por tu saldo en el banco, sino por tu contentamiento en Cristo. Por otro lado, no eres más santo cuando eres más pobre. Un cristiano debiera ser como Job, quien fue piadoso tanto en la riqueza como en la pobreza. No olvidemos que nuestra identidad y nuestra seguridad no deben fluctuar con el mercado de valores del mundo, sino estar ancladas en la providencia de Dios, cualquiera que sea nuestra situación financiera hoy.
Huye de estos mitos
El manejo del dinero es, en última instancia, un asunto teológico. Lo que hacemos con nuestros recursos financieros revela lo que amamos y en quién confiamos. Al derribar estos mitos, podemos empezar a usar el dinero como lo que realmente es: un recurso temporal para hacer inversiones eternas.
Lea, Thomas D., y Hayne P. Griffin Jr. 1, 2 Timoteo, Tito. Editado por David S. Dockery, vol. 13, Editorial Tesoro Bíblico, 2021, p. 1 Ti 6:9-10.



Excelente artículo hermano, bendiciones. Una perspectiva muy fácil de digerir sobre el dinero y las Escrituras.