En la vida espiritual, la rutina no es mala (sino todo lo contrario)
Nos encanta perseguir constantemente lo nuevo. Queremos experiencias extraordinarias, emociones intensas, cambios inmediatos, momentos transformadores. Y nuestra vida espiritual no es la excepción. Fácilmente podemos caer en la idea de que solo estamos creciendo cuando sentimos algo especial o vivimos un momento “extraordinario” con Dios.
Sin embargo, la mayor parte de nuestra vida cristiana transcurre en la rutina diaria. Contrario a momentos sorprendentes y maravillosos, la vida espiritual se ve algo así:
Leer la Biblia cuando no tenemos una emoción particular
Orar aunque nuestra mente divague y no sepa por qué orar
Congregarnos cada semana aunque no tengamos deseos de hacerlo
Servir a los demás en tareas sencillas y casi invisibles
Luchar contra el mismo pecado una y otra vez
Permanecer fieles cuando nadie parece darse cuenta
Y esto me lleva a pensar que lo rutinario no es malo, sino todo lo contrario. Con frecuencia, es el escenario donde Dios forma nuestro carácter. Él no solo obra en los grandes acontecimientos de nuestra vida, sino que también trabaja en las pequeñas decisiones repetidas con fidelidad. Cada vez que abrimos la Biblia, perdonamos a otros por sus ofensas, resistimos una tentación o servimos con humildad a nuestros hermanos, el Señor está moldeándonos a la imagen de Cristo.
Por tanto, no debemos despreciar la rutina simplemente porque sea común. Muchas de las mayores bendiciones espirituales llegan lentamente, como una semilla que crece bajo tierra antes de dar fruto visible. Lo que hoy parece un acto pequeño de obediencia puede convertirse, con el tiempo, en un carácter firme y una fe madura.
La razón de esto es que la perseverancia en las cosas ordinarias es, muchas veces, el camino por el cual Dios realiza Su obra extraordinaria en nosotros. Solo cuando entendamos eso veremos que el Señor no nos llama a buscar una vida espiritual emocionante, sino una vida espiritual fiel.
“No nos cansemos de hacer el bien, porque a su debido tiempo cosecharemos si no nos damos por vencidos.” (Gálatas 6:9)


