La Rutina Espiritual es Clave para Crecer Espiritualmente
En un artículo anterior, escribí que “el carácter cristiano no crece principalmente mediante la fuerza de voluntad humana.” Hoy quiero complementar esa idea afirmando que la rutina espiritual es clave para crecer espiritualmente. El apóstol Pablo escribió al joven pastor Timoteo:
“Ejercítate para la piedad.” (1 Timoteo 4:7)
Por estas palabras podemos aprender que la vida cristiana no crece por accidente. Aunque la madurez espiritual es una obra de la gracia de Dios, Él normalmente obra a través de los medios que ha establecido en su Palabra, y la repetición rutinaria de los mismos es la clave. Dios nos transforma cuando nos exponemos constantemente a Su Palabra, perseveramos en oración, adoramos junto a Su pueblo y obedecemos lo que Él ha revelado. Dicho de otra manera, la gracia de Dios es gratuita para nosotros, pero no elimina la necesidad de la disciplina espiritual.
Muchos creyentes desean parecerse más a Cristo, pero descuidan los hábitos que Dios ha diseñado para producir ese crecimiento espiritual. Esperan que el fervor espiritual aparezca espontáneamente o que las pruebas, por sí solas, los hagan maduros. Pero las Escrituras muestran un patrón diferente. Jesús apartaba tiempo para orar (Lc. 5:16). Los creyentes de Berea examinaban diariamente las Escrituras (Hch. 17:11). La iglesia primitiva perseveraba en la enseñanza de los apóstoles, la comunión, el partimiento del pan y las oraciones (Hch. 2:42).
La repetición de las rutinas espirituales no es legalismo cuando nace del deseo de conocer a Dios y no de ganar Su favor. Consideremos algunos ejemplos de esto. Leer la Biblia todos los días no hace que Dios nos ame más, pero renueva nuestra mente con Su verdad. La oración diaria no cambia el carácter de Dios, sino el nuestro. Congregarnos con la iglesia no nos salva, pero fortalece la fe de quienes ya han sido salvados por gracia.
Sin una rutina espiritual constante, nuestro corazón tiende a enfriarse. Por eso considero que necesitamos momentos diarios para detenernos y recordar quién es Dios, qué ha hecho por nosotros en Cristo y cómo quiere que vivamos. Este tipo de disciplina espiritual no sustituye la obra del Espíritu Santo en nosotros, pero es uno de los medios que Él utiliza para santificarnos y hacernos más como Cristo.
Así que, si quieres comenzar a atesorar la rutina por su verdadero valor, establece una rutina diaria para buscar a Dios. Dedica tiempo a leer las Escrituras, orar con sinceridad y meditar en el evangelio. Al principio, se sentirá como una obligación. Leerás solo por marcar el día, orarás porque te lo habías propuesto, irás a la iglesia aunque no tengas ganas de hacerlo. Pero debes saber que solo lo que una vez fue rutina intencional puede convertirse en un hábito natural.

