¿Qué dice la Biblia sobre los "Therians"?
Anoche conversaba con un amigo acerca del fenómeno therian, una tendencia viral en la que algunas personas (principalmente jóvenes) afirman identificarse como animales en un sentido ontológico o interior. Las reacciones que esta corriente provoca suelen dividirse en dos extremos: algunos se burlan abiertamente, otros la demonizan sin matices. Existe también un tercer grupo que, con cierta compasión, observa en este fenómeno una profunda confusión de identidad.
Ante este panorama surge una pregunta inevitable: ¿qué deberían pensar los cristianos sobre los therians? No basta con reaccionar emocionalmente. Es necesario pensar bíblicamente.
El fenómeno therian no puede entenderse como una identidad creada por Dios que deba afirmarse. Más bien, debe analizarse como una manifestación contemporánea de la confusión antropológica propia de un mundo caído. No se trata simplemente de una moda cultural, sino de un síntoma de una crisis más profunda acerca de qué significa ser humano.
1. La imagen de Dios en el hombre
La Escritura es clara desde el principio: el ser humano fue creado a imagen de Dios (Gn. 1:26–27). Esta afirmación fundacional establece varios pilares inamovibles.
Primero, afirma la dignidad humana. El valor del hombre no proviene de su autopercepción ni de su desempeño social, sino del hecho de reflejar, aunque imperfectamente, al Creador. Segundo, establece la racionalidad moral del ser humano; el hombre no es simplemente un organismo biológico, sino un agente moral responsable. Tercero, subraya su responsabilidad delante de Dios, pues fue creado para conocerle y glorificarle. Finalmente, afirma una distinción ontológica real entre el hombre y el animal. Aunque compartimos aspectos biológicos con otras criaturas, no compartimos la misma naturaleza espiritual ni la misma vocación.
Por tanto, la identidad humana no es fluida ni auto-construida; es dada por Dios desde su origen. Negar esta realidad implica alterar el orden creacional mismo.
2. La progresión hacia la mente reprobada
En Romanos 1, el apóstol Pablo describe una degradación espiritual progresiva que nos ayuda a interpretar las crisis culturales contemporáneas.
En primer lugar, habla de la supresión de la verdad (Ro. 1:18–21). El ser humano “detiene con injusticia la verdad”. Conoce algo de Dios por medio de la creación, pero rehúsa glorificarle como Dios. En segundo lugar, se produce un intercambio idolátrico (Ro. 1:22–23): “profesando ser sabios, se hicieron necios”, y cambiaron la gloria del Dios incorruptible por imágenes semejantes a criaturas. Aquí se invierte el orden Creador–criatura.
Finalmente, tres veces el texto declara que “Dios los entregó” (Ro. 1:24, 26, 28). En el versículo 28 aparece la expresión decisiva: “Dios los entregó a una mente reprobada” (adokimon noun). El término griego adokimos describe algo que no pasa la prueba, que queda moralmente descalificado o deformado.
Entonces, la progresión teológica es clara:
Rechazo de Dios → Oscurecimiento → Idolatría → Desorden moral → Distorsión mental
Esto no significa que cada caso individual del fenómeno therian pueda identificarse directamente como un juicio específico discernible por nosotros. Sin embargo, sí indica que culturalmente vemos los frutos de una humanidad que ha invertido el orden de la creación. Cuando una persona afirma ontológicamente ser un animal, estamos ante una forma radical de esa confusión del orden creacional.
3. La animalización como juicio divino
Un segundo pasaje relevante respecto a este tema se encuentra en Daniel 4. Allí leemos acerca del rey Nabucodonosor, quien, lleno de orgullo, declara: “¿No es esta la gran Babilonia que yo edifiqué…?” (Dn. 4:30). Su arrogancia provoca el juicio divino.
Dios lo humilla de manera extraordinaria: pierde la razón, vive como bestia, come hierba como buey y su apariencia se deteriora hasta asemejarse a la de un animal. Sin embargo, el punto central del relato no es zoológico, sino teológico. El propósito del juicio se expresa con claridad: “hasta que reconozcas que el Altísimo gobierna…” (Dn. 4:32).
Nabucodonosor no se convirtió en animal en esencia; solo perdió el ejercicio de su racionalidad humana. Pero la narrativa enseña un principio profundo: cuando el hombre se exalta contra Dios, desciende racionalmente al nivel de la bestia. La “animalización” es presentada como una humillación judicial, no como una autenticidad existencial. Perder la orientación hacia Dios equivale a perder la humanidad funcional. La verdadera humanidad está ligada al reconocimiento del señorío de Dios.
4. El orgullo humano lleva a la degradación
Ambos textos (Romanos 1 y Daniel 4) revelan patrones similares:
Orgullo humano → rechazo de la verdad → inversión del orden creado → degradación mental y humillación como juicio.
En Romanos 1 observamos un patrón cultural; en Daniel 4, un caso individual. Pero en ambos, el apartarse del Creador conduce a la deshumanización.
Desde esta perspectiva, el fenómeno therian no puede celebrarse como una expresión legítima de identidad humana. Representa más bien una señal de la profunda crisis antropológica que caracteriza a sociedades que han perdido el ancla en Dios.
5. ¿Qué deben pensar los cristianos entonces de los therian?
Primero, el cristiano no puede afirmar esta identidad. Sostener que un ser humano es ontológicamente un animal contradice la doctrina bíblica de la creación.
Segundo, tampoco debe responder con burla o desprecio. Quienes adoptan esta identidad siguen siendo portadores de la imagen de Dios. La burla no es fidelidad bíblica, sino es dureza de corazón.
Tercero, debe entender el fenómeno como síntoma cultural. Vivimos en una era que ha rechazado el diseño divino de las cosas. Y cuando se rechaza el diseño divino, la identidad humana se fragmenta.
Cuarto, la respuesta cristiana debe unir verdad y compasión. El objetivo no es ganar discusiones culturales, sino anunciar la esperanza del evangelio.
6. Cristo restaura la verdadera humanidad
Donde Adán cayó y la humanidad se degradó, Cristo aparece como el verdadero Hombre. En Él vemos la humanidad tal como Dios la diseñó. Fuera de Cristo, el hombre nunca se conoce correctamente a sí mismo. Pero en Cristo, la mente es renovada (Rom 12:2), la imagen de Dios es restaurada progresivamente (Col 3:10) y la identidad no se inventa, sino que se recibe por gracia (1 Juan 3:1-2). La salvación no deshumaniza a las personas, sino que las humaniza verdaderamente.
Conclusión
Identificarse como animal no es una expresión legítima de identidad según la Escritura. Es una manifestación de la distorsión antropológica que surge cuando se pierde el ancla en el Creador. La Biblia presenta la “animalización” como consecuencia del orgullo y del juicio, no como una muestra de autenticidad.
Sin embargo, la respuesta cristiana no debe ser una condenación fría, sino la proclamación del evangelio. El mismo Dios que humilló a Nabucodonosor también restauró su razón cuando alzó sus ojos al cielo (Dan 4:34). La verdadera restauración humana ocurre cuando el hombre deja de mirarse a sí mismo y vuelve su mirada al Dios que lo creó y lo redime en Cristo.



Excelente análisis. Gracias por compartir. 🥰🥰🩷🩷