¿Cuál es el propósito de tu vida? Una perspectiva bíblica
Este artículo está basado en el material de estudio que preparé para los jóvenes de mi iglesia local durante la serie Mi Lugar Seguro. Si quieres escuchar los sermones de esta serie, puedes ir aquí.
Si el dinero no fuera un problema y tuvieras garantizado el éxito absoluto, ¿a qué dedicarías tus lunes por la mañana?
Esta es una pregunta fascinante, pero para muchos en nuestra generación, también es una fuente de ansiedad. Nos genera tanta intranquilidad porque vivimos bajo una inmensa presión por encontrar “nuestra pasión” o “nuestro llamado”. Nos aterra la idea de estar desperdiciando nuestras vidas o de quedarnos atascados mientras vemos en redes sociales cómo otros parecen estar conquistando el mundo.
Esta es una realidad casi generalizada para los jóvenes. Según datos recientes, el 75% de los jóvenes adultos atraviesan la llamada “crisis del cuarto de vida”, una etapa marcada por la ansiedad sobre la dirección de su carrera y el sentido de su existencia. El psicólogo Barry Schwartz lo llama la “paradoja de la elección”. Y es que tener opciones infinitas sobre qué estudiar, dónde vivir o en qué trabajar no nos ha hecho más libres, sino que nos ha paralizado. Sufrimos de una fatiga decisional crónica por el miedo paralizante a elegir el “propósito equivocado”.
Pero, ¿qué tal si la forma en que el mundo define el “propósito” está fundamentalmente rota? ¿Qué tal si tu propósito no es un destino misterioso que debes descubrir para “ser alguien”, sino una misión diaria que recibes al seguir a Jesús? Como decía uno de mis profesores del seminario: El destino es el camino.
La vocación se ha convertido en un ídolo
Nuestra cultura ha convertido la vocación en un ídolo. Creemos que si nunca llegamos a ser famosos en nuestra carrera, si no cambiamos el mundo con algo excepcional, o si no nos hacemos ricos, nuestra vida ha sido un fracaso.
Vemos esta frustración en todas partes. Por ejemplo, conozco un joven (Daniel) que trabaja en un call center para pagar sus deudas; le toca aguantar las quejas de los clientes ocho horas al día. Daniel está convencido de que su vida carece de propósito, porque el “propósito divino” es un lujo reservado para gente rica y exitosa. Pensemos también en una mujer de unos treinta años, que está soltera y desempleada. Al considerar su vida actual, siente que Dios la engañó y que vive estancada en una inútil “sala de espera” porque la vida no salió como ella la planificó. Considera también a Esteban, un amigo diseñador que es muy talentoso pero vive atormentado por la culpa; cree que su trabajo secular “no cuenta para la eternidad” y que la única forma de tener un propósito real es renunciar e irse al campo misionero.
Todas estas personas son víctimas de una mentira. El mundo les ha vendido la idea de que solo las carreras que obtienen resultados impresionantes valen la pena. No tienen en cuenta lo que los reformadores llamaron la doctrina de la vocación. Se trata de la hermosa verdad bíblica de que todo trabajo lícito es un llamado de Dios. No existe una división entre lo “sagrado” (el pastorado) y lo “secular” (la ingeniería, la contabilidad o el cuidado del hogar). Dios provee alimento a través del agricultor y protege la ciudad a través del policía.
Como nos recuerda el apóstol Pablo:
“Trabajen de buena gana en todo lo que hagan, como si fuera para el Señor y no para la gente. Recuerden que el Señor les dará una herencia como recompensa y que el Amo a quien sirven es Cristo.” (Colosenses 3:23-24, NTV)
Este texto es uno de mis pasajes favoritos porque hace que lo ordinario sea sagrado. Nos enseña que el propósito de tu vida no solo se encuentra detrás de un púlpito; sino también en una “aburrida“ hoja de cálculo excelentemente redactada, en un diseño gráfico honesto, o en la paciencia al cambiar los pañales de tu hijo a las tres de la mañana.
El propósito de tu vida no es un mapa, sino una brújula
Cuando me pongo a pensar en la crisis de propósito que enfrenta nuestra juventud, noto que el problema es que queremos que Dios nos dé un GPS. He escuchado a muchos jóvenes decir: “¿por qué Dios no me habla audiblemente y me dice qué carrera tomar, con quién debo casarme, dónde debería invertir mis ahorros?“ Quieren instrucciones paso a paso para el futuro. Quisieran que Dios les hablara y les dijera: “En cinco años te casarás con esta persona, en diez años serás gerente, y vivirás en tal ciudad”.
Pero Dios rara vez (o casi nunca) nos da un mapa detallado; en lugar de eso, creo firmemente que el Señor nos da una brújula. Cuando tienes una brújula, no siempre sabes qué hay detrás de la próxima montaña (el futuro), pero sabes con absoluta certeza que estás caminando en la dirección correcta hoy.
Para los creyentes, el Norte verdadero de en la brújula de la vida es Cristo y Su Palabra. El Catecismo Menor de Westminster lo resume con una belleza inigualable en su primera pregunta:
Pregunta: ¿Cuál es el fin principal del hombre?
Respuesta: El fin principal del hombre es glorificar a Dios y gozar de él para siempre.
Esta formulación del propósito del ser humano es el antídoto para nuestra crisis de propósito. La cultura moderna te impone la carga aplastante de “ser feliz”, “dejar un legado” o “crear tu propio destino”. Por el contrario, el Evangelio te libera de ese peso. Tu propósito firme y seguro es ser un espejo de la gloria de Dios en cualquier cosa que hagas. No tienes que inventar tu propósito, porque este ya ha sido preparado para ti:
“Pues somos la obra maestra de Dios. Él nos creó de nuevo en Cristo Jesús, a fin de que hagamos las cosas buenas que preparó para nosotros tiempo atrás.” (Efesios 2:10).
No tienes por qué ser el arquitecto estresado de tu propio destino; debes conformarte alegremente con ser el caminante gozoso de un sendero que el Señor ya trazó. Mientras lo que dirija tu camino sea la brújula de la Palabra de Dios que apunta a Cristo, el único Norte seguro, estás caminando en la dirección correcta.
Tu propósito el lunes por la mañana
La garantía de que tu vida tendrá sentido no depende de tu capacidad de ejecución de un plan mal elaborado por ti, sino del compromiso de Dios por cumplir su propósito en ti (Salmos 57:2). Ahora vale la pena preguntarnos: ¿cómo se ve esta verdad aplicada cuando te suene la alarma el próximo lunes?
En la universidad: Tu propósito no es solo sacar la máxima calificación para tu propia gloria o por miedo a fracasar. Tu propósito es estudiar con excelencia porque tu mente es una ofrenda a Dios. Te estás preparando para servir mejor a tu prójimo. Visto así, el estudio se convierte en adoración.
En el trabajo (o en la búsqueda de uno): Si estás desempleado, tu valor no ha disminuido; tu propósito hoy es buscar trabajo con diligencia, confiando en la providencia de Dios. Si tienes un trabajo que consideras “aburrido”, tu propósito es ser sal y luz en ese lugar: llegando a tiempo, siendo profundamente íntegro y tratando con gracia a los clientes difíciles. Esa actitud glorifica a Dios más que un sermón en ese contexto específico.
En tus relaciones: Tu propósito no es encontrar a alguien que te “complete”. Esa es una receta garantizada para la idolatría y la decepción. Tu propósito, ya sea en la soltería o en el matrimonio, es reflejar el amor sacrificial de Cristo. Debemos dejar de usar a las personas para llenar nuestros vacíos y empezar a servirles desde la plenitud que ya tenemos en Él.
Busca primero el Reino de Dios (Mateo 6:33). Cuando buscamos nuestra “autorrealización” como meta principal, perdemos a Dios y nos perdemos a nosotros mismos. Pero cuando buscamos la gloria de Dios en el lugar exacto donde nos ha puesto hoy, nuestra vocación y nuestro corazón finalmente encuentran su hogar. Como te comenté que aprendí de mi maestro del seminario:
El destino es el camino, y el camino es Cristo.


