Feliz Año Nuevo: 3 Metas Bíblicas y Alcanzables
Las metas de año nuevo son una constante en nuestras vidas. Como seres humanos finitos, limitados por el espacio y el tiempo, el año se convierte en un parámetro con el cual medimos nuestra vida y dentro del cual nos proponemos alcanzar determinados objetivos. Lamentablemente, muchas veces establecemos metas excesivamente antropocéntricas (centradas en nosotros mismos), cuando en realidad deberíamos proponernos metas bíblicas y teocéntricas (centradas en Dios). Por supuesto, no quiero negar que en la mente y el corazón de todo creyente genuino siempre existe el deseo de vivir para agradar a Dios en todo lo que hace o se propone hacer.
Pensando en esto, considero pertinente compartir contigo tres metas que hace más de un año he encontrado en las Escrituras y que, día tras día, han ido moldeando poco a poco mi comprensión de lo que significa vivir una vida que agrada a Dios. Estas metas las he extraído de 1 Tesalonicenses, una carta escrita, entre otras cosas, “para corregir algunos errores que habían surgido en la iglesia: una inclinación a la moralidad permisiva y a la pereza, y la tendencia a no respetar a sus líderes espirituales”1. Comparto estas metas porque son bíblicas; porque me las he propuesto no solo como ideales de año nuevo, sino como ideales de vida; y porque son alcanzables únicamente en la gracia de Dios.
1. Huir de la inmoralidad
Pocas cosas resultan tan destructivas para nuestra vida como la inmoralidad sexual. Basta recordar episodios pasados de inmoralidad en nuestra propia historia, o considerar las consecuencias caóticas que esta ha traído a otros, para darnos cuenta del daño que puede causar. Sin embargo, el verdadero problema de la inmoralidad no radica únicamente en que puede arruinar nuestra vida, sino en que es completamente incompatible con un Dios santo. Por esta razón, cuando el apóstol Pablo supo que en la comunidad creyente de Tesalónica existía cierta inclinación hacia una “moralidad permisiva”, escribió lo siguiente:
Porque esta es la voluntad de Dios, la santificación de ustedes: que se aparten de inmoralidad sexual; que cada uno de ustedes sepa controlar su propio cuerpo en santificación y honor, no con bajas pasiones como los gentiles que no conocen a Dios; y que en este asunto nadie atropelle ni engañe a su hermano; porque el Señor es el que toma venganza en todas estas cosas, como ya les hemos dicho y advertido. Porque Dios no nos ha llamado a la impureza sino a la santificación. Por lo tanto, el que rechaza esto no rechaza a hombre sino a Dios quien les da su Espíritu Santo.
1 Tesalonicenses 4:3-8 RVA-2015
Cuando el apóstol Pablo decide hablar de cómo luce una vida que agrada a Dios, no comienza enumerando grandes hazañas ni actos visibles. Más bien, empieza abordando aquello que más puede destruirnos, aun cuando pase desapercibido. Afirma que la voluntad de Dios —lo que el Señor desea ver en nosotros— es que vivamos una vida de santificación continua. Vivir santificados significa, sencillamente, apartarnos continuamente del pecado y vivir para Dios. Para Pablo, el resumen de una vida santificada consiste en huir de la inmoralidad sexual, ejercer dominio propio en esta área y cuidarnos de no hacer caer a otro hermano por nuestra causa. Sin duda, esta es una meta de año nuevo —o mejor dicho, de vida nueva— que agrada a Dios.
2. Amar a los hermanos
Cuando pensamos en llevar una vida que agrade a Dios, a menudo sentimos que estamos muy lejos de alcanzarla. Sin embargo, es posible que en algunas áreas ya estemos viviendo de una manera que le agrada, sin siquiera notarlo. Este fue el caso de los creyentes en Tesalónica, a quienes el apóstol Pablo escribió:
Pero con respecto al amor fraternal, no tienen necesidad de que les escriba, porque ustedes mismos han sido enseñados de Dios que se amen los unos a los otros. De hecho, lo están haciendo con todos los hermanos por toda Macedonia; pero les exhortamos, hermanos, a que sigan progresando aún más.
1 Tesalonicenses 4:9-10 RVA-2015
El segundo elemento de una vida agradable a Dios, según este pasaje, es el amor fraternal. Pablo afirma que los tesalonicenses ni siquiera necesitaban instrucciones adicionales sobre este tema, pues ya estaban practicando el amor mutuo en obediencia a Dios. Qué hermoso debió haber sido para ellos descubrir que ya estaban haciendo aquello que agrada al Señor. A pesar de su entendimiento algo libertino en cuanto a la moralidad, el Espíritu de Dios estaba obrando en ellos mediante una de las señales más genuinas del verdadero cristianismo: el amor fraternal. Si deseas tener un año —y una vida entera— agradable a Dios, continúa amando a tus hermanos. Deja a un lado el egoísmo; pregúntales cómo están; ora por ellos; piensa en cómo puedes servirles. Todo esto agrada al Señor.
3. Vivir tranquilos y trabajar diligentemente
Como hemos visto, la vida que agrada a Dios puede no tener nada de extraordinario a nuestros ojos. No parece una vida emocionante, llena de viajes, aventuras o manifestaciones sobrenaturales. Tampoco es un estilo de vida reservado para unos pocos creyentes especiales, sino una forma de vivir que, muy probablemente, ya estemos practicando y en la cual solo necesitamos perseverar. Pablo concluye esta enseñanza sobre los elementos de una vida agradable a Dios con las siguientes palabras:
Tengan por aspiración vivir en tranquilidad, ocuparse en sus propios asuntos y trabajar con sus propias manos, como les hemos mandado; a fin de que se conduzcan honestamente para con los de afuera y que no tengan necesidad de nada.
1 Tesalonicenses 4:11-12 RVA-2015
Pareciera que Pablo nos conoce bien. Sabe que muchas de nuestras aspiraciones suelen estar muy alejadas de una vida sencilla y tranquila. Sin embargo, si hay algo a lo que deberíamos aspirar al comenzar un nuevo año es precisamente a vivir en tranquilidad. El libro de Proverbios destaca constantemente la gran bendición que representa una vida tranquila, incluso en medio de la escasez (Pr. 17:1; 15:17). Y creo que este año, marcado por ciertas limitaciones para muchos, ha confirmado que lo más importante es vivir en paz con el Señor y con nuestro prójimo.
Además, aunque algunos deseen iniciar un nuevo año sin la presión de trabajar ocho horas diarias o de emprender por falta de empleo, Pablo afirma que la vida que agrada a Dios se distingue por el trabajo diligente. En este nuevo año, procura trabajar con diligencia y ser productivo en tu empleo o emprendimiento. Y conviene aclarar que ser productivo no significa necesariamente hacer más en menos tiempo, sino hacer lo que corresponde en el momento adecuado. Si te ocupas de tus propios asuntos y trabajas diligentemente, sin duda estarás agradando a Dios y dando testimonio ante aquellos que aún no han sido alcanzados por su gracia.
Feliz año nuevo
Gracias a Dios porque Él siempre nos concede nuevas oportunidades y renueva sus misericordias cada mañana. Es momento de enfrentar un nuevo año con propósitos espirituales reales, bíblicos y centrados en Dios.
Walvoord, J. F., & Zuck, R. B. (1996). El conocimiento bíblico, un comentario expositivo: Nuevo Testamento, tomo 3: 1 Corintios-Filemón (p. 248). Puebla, México: Ediciones Las Américas, A.C.

