Huye de la "ortodoxia" sin carácter
Características de un siervo de Dios
Esta mañana he pensado mucho en el mundo evangélico actual, especialmente el que vemos en redes sociales. Y debo ser justo. Las redes sociales no son el mundo real, pero llegan a ser un reflejo de parte de lo que está pasando en el mundo. Y al prestar atención a las discusiones y polémicas actuales en redes sociales de los cristianos, me doy cuenta de que vivimos en un tiempo en el que muchos se levantan en nombre de una supuesta ortodoxia, que más bien es ignorancia.
No tienen en cuenta que la verdadera ortodoxia debe estar acompañada de una buena ortopraxis. Practican una ortodoxia sin carácter y creen defender el Nombre de Dios, pero solo dan golpes contra una pared que no podrán derribar.
Pensando en esto, creo que haríamos todos muy bien en regir nuestra vida y esfuerzos por la enseñanza del apóstol Pablo en 2 Timoteo 2:23-26:
“No tengas nada que ver con discusiones necias y sin sentido, pues ya sabes que terminan en pleitos. Y un siervo del Señor no debe andar peleando; más bien, debe ser amable con todos, capaz de enseñar y no propenso a irritarse. Así, humildemente, debe corregir a los adversarios, con la esperanza de que Dios les conceda el arrepentimiento para conocer la verdad, 26 de modo que se despierten y escapen de la trampa en que el diablo los tiene cautivos, sumisos a su voluntad.” (NVI)
Características de un siervo de Dios
Quien anhela enseñar (actividad) debe ser apto (carácter). Y solo quien reúne y se esfuerza por reunir estas características tiene el carácter que lo habilita para la actividad:
- Prudente: Alguien que entiende que no todo debate merece ser tenido, ni toda opinión merece respuesta. Muchas veces la prudencia se toma como cobardía intelectual, pero en realidad, es discernimiento espiritual. El prudente sabe identificar cuándo una conversación busca la verdad y cuándo solo busca la controversia y el debate estéril. El prudente, por tanto, rechaza las discusiones que se alimentan del ego, que giran en círculos o que terminan produciendo más oscuridad que luz. Entiende que el tiempo, la energía y el testimonio son recursos que deben administrarse bien, para la gloria de Dios.
- Pacífico: Alguien que no simplemente evita el conflicto, sino que tampoco lo genera innecesariamente. Su presencia en un conflicto no es para escalar las tensiones, sino para calmar las aguas con sabiduría espiritual. No vive a la defensiva ni interpreta todo como un ataque personal; puede disentir sin volverse hostil y puede ser firme sin ser agresivo. Ha aprendido a no reaccionar de inmediato, a escuchar antes de responder y a no convertir diferencias funcionales en enemistades innecesarias. Su meta no es “ganar las discusiones”, sino preservar la verdad (cuando es necesario) sin destruir al prójimo en el proceso.
- Amable: Alguien que se expresa con amor y respeto en el tono, en las palabras, en la forma de corregir y en la disposición del corazón. Es fácil ser amable con quien piensa igual, pero lo que distingue al siervo del Señor es que puede tratar con amabilidad a quien lo incomoda, lo contradice o hasta lo desespera. Alguien que no humilla, no ridiculiza, no responde con sarcasmo venenoso. Su trato dignifica a su contraparte incluso cuando corrige los errores.
- Sufrido (paciente): Alguien que tiene la capacidad de soportar sin estallar. No se trata solo de aguantar para guardar la propia imagen, sino de hacerlo con la actitud correcta. El siervo sufrido no es reactivo ni impulsivo; no responde desde las heridas, el orgullo o la irritación del momento. Tiene dominio propio, sabe esperar, sabe callar cuando es necesario y sabe hablar cuando es oportuno. Tolera la oposición sin perder la compostura, y entiende que, más veces de las que podría esperar, las personas no cambian en una sola conversación. Su paciencia refleja confianza en que Dios obra más allá de su intervención inmediata y por tanto no pierde la paciencia.
- Tierno (manso al corregir): Alguien que sí corrige y exhorta, pero lo hace para restaurar, no para castigar. Un siervo tierno no busca aplastar al que está equivocado, sino restaurarlo de su error. Su ternura se ve especialmente hacia los que se oponen a él en opiniones o acciones; no los trata como enemigos a destruir, sino como personas que necesitan ver la verdad. No disfruta “ganar” debates ni exhibir errores ajenos. Su anhelo no es que el otro pierda, sino que Dios le conceda arrepentimiento para que sea restaurado.
- Preparado: Alguien que no improvisa con temas que requieren responsabilidad. Entiende que enseñar implica preparación y aprendizaje previo. Un siervo preparado se forma, estudia con responsabilidad y con la profundidad que le sea posible. Es un estudiante permanente que todos los días lee, escucha, pregunta, corrige sus propios errores. Su preparación no es solo intelectual, sino también espiritual y práctica. Busca coherencia entre lo que sabe, lo que vive y lo que enseña.
No toda defensa de la verdad honra a Dios
Así que, la próxima vez que quieras publicar desde tu enojo momentáneo, o celebrar que otros lo hagan, detente. Examina tu corazón antes que tu argumento. No solo te preguntes si lo que vas a decir es verdad, sino si eso refleja el carácter de Cristo. Ten en cuenta que no toda defensa de la verdad honra a Dios.
Hay una forma de hablar que, aunque tenga el contenido correcto, niega con su tono y su espíritu al mismo Señor que dice defender. Y eso no es ortodoxia, sino ignorancia y contradicción.
Nota importante: Solo la imagen de este post ha sido generada con IA a fin de ilustrar de manera más apegada a la idea del post.



