Haz Esto Para Crecer Espiritualmente
Muchos cristianos sinceros desean crecer espiritualmente. Quieren ser más pacientes, más humildes, más amorosos y más semejantes a Cristo. Sin embargo, gran parte de la enseñanza popular sobre el crecimiento espiritual reduce este proceso a una versión cristianizada de la autoayuda: más disciplina, mejores hábitos, más determinación y mayor esfuerzo personal. Pero ¿es realmente así como la Biblia describe la transformación del creyente?
La respuesta es no. El carácter cristiano no crece principalmente mediante la fuerza de voluntad humana. Crece a medida que el creyente contempla a Cristo, se somete a la obra del Espíritu Santo y aprende a caminar en obediencia a la Palabra de Dios.
La raíz de la transformación cristiana no es el esfuerzo humano sino la gracia divina. Esta verdad resulta ofensiva para nuestra cultura, porque vivimos en una época obsesionada con la autosuperación. Nos enseñan desde pequeños que cualquier problema puede resolverse con suficiente dedicación, suficiente disciplina o suficiente confianza en nosotros mismos. El mensaje predominante es claro: tú eres la solución.
Pero la Biblia presenta una visión completamente diferente. El apóstol Pablo declara que los creyentes son transformados “de gloria en gloria” al contemplar la gloria del Señor:
Pero todos nosotros, con el rostro descubierto, contemplando como en un espejo la gloria del Señor, estamos siendo transformados en la misma imagen de gloria en gloria, como por el Señor, el Espíritu. (2 Corintios 3:18 NBLA).
Observa cuidadosamente el orden. La transformación no comienza mirando hacia adentro, a tu interior, sino mirando hacia arriba, a la gloria del Señor. El cambio verdadero no nace de una fascinación con nosotros mismos, sino de una visión más profunda de Cristo y su gloria.
Esto explica por qué muchos cristianos permanecen estancados espiritualmente. Dedican enormes cantidades de energía a combatir pecados específicos sin atender la causa más profunda de esos pecados. Intentan modificar sus conductas mientras descuidan su corazón. Buscan resultados externos sin cultivar una mayor admiración por su Señor y Salvador.
Pero la Biblia jamás separa el crecimiento espiritual del conocimiento de Dios. Cuando Isaías vio la santidad del Señor, inmediatamente reconoció su propia pecaminosidad (Isaías 6:5). Cuando Pedro contempló el poder de Cristo, cayó de rodillas y confesó su indignidad (Lucas 5:8). Cuando Pablo comprendió la grandeza de la gracia divina, consideró todas sus credenciales humanas como basura en comparación con conocer a Cristo (Filipenses 3:8).
En cada caso, una visión más elevada de Dios produjo una transformación más profunda del individuo. Así que, cuanto más contemplamos la gloria de Cristo, más comprendemos que el crecimiento espiritual nunca fue principalmente acerca de nosotros. Siempre fue acerca de Él. Por tanto, para crecer espiritualmente, dedícate a contemplar más y más la gloria de Cristo.
Como escribió John Owen en La Gloria de Cristo (p. 34):
Cristo es el alimento de nuestras almas. No hay un nutriente espiritual más alto que su amor hacia nosotros, el cual siempre deberíamos desear.


