El hombre sabio no desperdicia su limitado tiempo
Hay muchos recursos que pueden recuperarse. El dinero puede volver a ganarse. La influencia puede reconstruirse. Incluso la salud puede restaurarse en algunos casos. Pero hay un recurso que jamás vuelve. Si ya pasó, nunca podremos recuperarlo. Estoy hablando del tiempo.
Todos recibimos las mismas veinticuatro horas cada día. Sin embargo, la diferencia entre una vida sabia y una vida necia no suele estar en la cantidad de tiempo que tenemos, sino en la manera en que decidimos emplearlo. Por eso es que el apóstol Pablo escribió a los cristianos en la ciudad de Éfeso:
“Por tanto, tengan cuidado cómo andan; no como insensatos sino como sabios, aprovechando bien el tiempo, porque los días son malos.” (Efesios 5:15-16)
Pablo relaciona la sabiduría con la forma en que administramos nuestro tiempo. Y aquí podemos ver un contraste importante entre líneas. El hombre insensato vive sin pensar demasiado en cómo emplea sus días. Vive como si su tiempo fuera ilimitado y como si todo estuviera siempre bien. El hombre sabio, en cambio, reconoce que cada día es un regalo de Dios y procura usarlo de una manera que honre al Señor. Sabe que un día deberá dar cuentas a su Creador por los días que le fueron prestados en la Tierra.
Y debo admitir que esta enseñanza me confronta muchísimo. Es sorprendentemente fácil perder horas enteras en actividades que apenas recordaremos mañana. Tiktok, Instagram, YouTube, X, Facebook, la Televisión, lo que sea. Un momento de distracción puede convertirse en una tarde completa, y una tarde puede convertirse en un hábito. Y un hábito inevitablemente forma una vida. Y poco a poco, desperdiciamos un recurso que nunca podremos recuperar.
Aprovechar bien el tiempo, sin embargo, no significa que debamos llenar cada minuto con trabajo o productividad. Podemos entretenernos y descansar con total tranquilidad. De hecho, en la Biblia vemos que Dios mismo nos llama a descansar. Jesús apartaba tiempo para estar a solas con el Padre, y el descanso forma parte del buen diseño de Dios para nuestras vidas. El problema no es descansar, sino vivir sin intención, dejando que nuestro tiempo sea consumido por aquello que aporta poco valor eterno a nuestras vidas.
Por eso considero que todos deberíamos hacernos una pregunta de vez en cuando:
¿Estoy usando mi tiempo de una manera que refleja lo que realmente considero importante?
Esa pregunta suele revelar mucho acerca de nuestro corazón. Decimos que Dios es nuestra prioridad, pero ¿refleja eso la forma en que distribuimos nuestras horas? Decimos que queremos crecer espiritualmente, pero ¿estamos apartando tiempo para conocer más al Señor mediante Su Palabra y la oración?
Cada día es una oportunidad que Dios te ha confiado. Y como tal, úsalo para trabajar con diligencia, descansar con gratitud, servir a los demás y crecer en tu comunión con Cristo. El hombre sabio no desperdicia su limitado tiempo, sino que lo administra con fidelidad, sabiendo que cada día es un regalo de Dios que nunca volverá.
Te dejo con un excelente post de Ana Avila en lo que antes se llamaba Twitter:


