Nuestro mundo está marcado por el individualismo. Se ha vuelto popular y casi un cliché decir: “Yo amo a Jesús, pero no soporto a la iglesia” o “Yo soy espiritual, pero no religioso”. Miles de jóvenes han abandonado las congregaciones, argumentando que están llenas de personas hipócritas y juzgonas, chismes destructivos y líderes que a veces han fallado moralmente de manera escandalosa. Y para ser brutalmente honestos y no tapar el sol con un dedo, muchas de esas quejas son ciertas. Las iglesias muchas veces han lastimado a sus miembros de muchas maneras.
Sin embargo, si te acercas a la iglesia buscando un club élite de personas moralmente intachables, te vas a decepcionar pronto y saldrás huyendo. En realidad, el error no está en que la iglesia falle. El error está en nuestra falsa expectativa de lo que la iglesia debería ser. Por eso, abandonar la iglesia por la imperfección evidente de sus miembros es, en el fondo, una incomprensión trágica de lo que se trata el evangelio.
Por eso, hoy vamos a considerar la mentira moderna de que puedes tener a Cristo sin amar a Su novia. Vamos a descubrir por qué, a pesar de sus incontables problemas, tensiones y manchas, la congregación local es un refugio de gracia para tu alma, el único lugar donde realmente creces en carácter cristiano y el instrumento que Dios ha escogido desde la eternidad para cambiar la historia. Lo haremos a través de cuatro verdades bíblicas esenciales.
VERDAD 1: La iglesia es un hospital, no un museo
Una de las mayores frustraciones que los jóvenes experimentan con la iglesia casi siempre proviene de una expectativa equivocada de lo que la iglesia debería ser. A veces, por la forma en que nos vestimos o hablamos los domingos, pensamos que al cruzar las puertas del templo todos los que están adentro deberían tener un comportamiento angelical e impecable. Pero la iglesia, por definición bíblica, jamás fue diseñada para ser una exhibición de productos terminados. En su esencia más cruda, la iglesia es una asamblea de pecadores que estaban muertos, que han reconocido su profunda miseria moral y que necesitan desesperadamente la gracia de Dios todos los días de su vida.
Mira lo que dijo Jesús cuando fue cuestionado por las personas con las que se relacionaba:
Marcos 2:16-17: Cuando los escribas de los fariseos vieron que Él comía con pecadores y recaudadores de impuestos, decían a Sus discípulos: «¿Por qué Él come y bebe con recaudadores de impuestos y pecadores?». Al oír esto, Jesús les dijo: «Los que están sanos no tienen necesidad de médico, sino los que están enfermos; no he venido a llamar a justos, sino a pecadores».
Claro está que, por un lado, la Biblia dice que el pecado no debería ni mencionarse entre los creyentes (Efesios 5:3). Por otro lado, debemos comprender que nuestros hermanos cristianos no son personas perfectas, sino que están creciendo gradualmente a la image del Hijo de Dios. Y hasta que el Señor regrese, encontraremos una y otra vez errores en nosotros mismos y en nuestros hermanos. Por lo tanto, no deberíamos escandalizarnos ni paralizarnos al encontrar pecado, debilidades y fallas de carácter dentro de la congregación. La iglesia es como un taller ruidoso en pleno funcionamiento. Todos los que asisten, desde el pastor hasta el recién convertido, están inmersos en un doloroso y lento proceso llamado santificación progresiva. Vamos poco a poco creciendo a la imagen de Cristo. No estamos terminados. Estamos en proceso.
Así que, si utilizas la hipocresía de otros cristianos como una excusa conveniente para alejarte de la iglesia, estás olvidando que tú mismo eres profundamente imperfecto, que tu corazón también es engañoso y que tú también has fallado y ofendido a un Dios santo. Necesitas entender que la iglesia es el único lugar en la faz de la tierra donde el requisito de entrada no es mostrar tu currículum de perfección, sino confesar abiertamente tu total bancarrota espiritual y tu necesidad urgente de un Salvador.
VERDAD 2: Congregarte te libera del individualismo que te destruye
Nuestra cultura occidental nos ha lavado el cerebro con la idea del individualismo, convenciéndonos de que somos autosuficientes y que nuestra espiritualidad es un asunto estrictamente privado. Pero Dios no nos diseñó para vivir la fe cristiana en el aislamiento de nuestras habitaciones. El concepto moderno de “yo y mi Biblia en mi cuarto adorando a Dios a mi manera” no existe en ninguna página del Nuevo Testamento. Dios nos creó y nos salvó para vivir en un cuerpo, en una familia espiritual (Efesios 2:19). Aunque el mundo te llame a aislarte, debes entender que el aislamiento no es un síntoma de madurez espiritual, sino la estrategia maestra y favorita del enemigo para enfriar, deprimir e intentar destruir a un creyente, separando a las ovejas del rebaño para devorarlas.
Mira lo que el escritor a los Hebreos insta:
Hebreos 10:24-25: “Y considerémonos unos a otros para estimularnos al amor y a las buenas obras; no dejando de congregarnos, como algunos tienen por costumbre...”
Este llamado no es simplemente una manera de darnos una lección espiritual. Los beneficios de congregarse intencionalmente son tan reales que impactan cada área de nuestra vida. Así que, la iglesia, a pesar de todos los defectos que le podamos encontrar, sigue siendo un lugar de refugio espiritual para almas angustiadas. Es esa red de apoyo vital donde puedes encontrar un consejo sabio fundamentado en la Palabra de Dios cuando no sabes qué decisión tomar, un abrazo genuino y sin juicios en medio de una crisis familiar, y un batallón de hermanos que levantan tus brazos en oración cuando tú ya estás demasiado agotado para orar por ti mismo. Dios sabe que en este mundo caído necesitamos una familia espiritual tangible para poder sobrevivir y perseverar hasta el fin. Por eso, en parte, el escritor a los Hebreos nos invita a no dejar de congregarnos.
VERDAD 3: Ser iglesia se trata de soportar y perdonar a otros
Muchos cristianos anhelan genuinamente tener un carácter espiritual maduro, pero huyen a la primera señal de conflicto o incomodidad en su congregación. Quieren ser transformados a la imagen de Cristo sin pasar por el fuego de las relaciones humanas. Pero la realidad bíblica es esta: es imposible desarrollar el fruto del Espíritu Santo en un vacío relacional. ¿Cómo puedes aprender a tener verdadera paciencia si no hay nadie a tu lado que tenga un carácter difícil y te desespere? ¿Cómo vas a desarrollar la gracia del perdón si nadie en la iglesia te ofende o te lastima? ¿Cómo puedes demostrar un amor incondicional y sacrificial si todos los que te rodean son personas perfectas y fáciles de amar?
Colosenses 3:12-13: “Por tanto —como escogidos de Dios, santos y amados— vístanse de profunda compasión, de benignidad, de humildad, de mansedumbre y de paciencia; soportándose los unos a los otros y perdonándose los unos a los otros, cuando alguien tenga queja del otro. De la manera que el Señor los perdonó, así también háganlo ustedes.”
El apóstol Pablo nos manda a “soportarnos unos a otros”. Esto implica que en la iglesia habrá personas difíciles de soportar. Esa fricción que experimentamos con el carácter de otros creyentes no es una señal de que debes buscar una iglesia “mejor”. Es el instrumento que el Señor está usando intencionalmente para destruir tu orgullo, tu egoísmo y tu autosuficiencia. Por eso, estar en una iglesia imperfecta es el escenario perfecto provisto por Dios para tu crecimiento espiritual. En lugar de comportarnos como consumidores religiosos que solo evalúan qué tan bien los trata el ministerio de alabanza o el predicador, Dios nos llama a morir a nosotros mismos y ser constructores que traen gracia, servicio y restauración a aquellos lugares donde hay grietas y fallas.
VERDAD 4: Dios despliega su gloria y sabiduría en la iglesia
Es sumamente fácil, arrogante y cómodo criticar a la iglesia desde las redes sociales o desde tu casa. Pero al hacerlo, ignoras un hecho teológico asombroso. Y es que Dios, en su sabiduría inescrutable, ha elegido a esta institución imperfecta y propensa a fallar para mostrar la grandeza de Su sabiduría, no solo al mundo, sino a los ángeles y hasta a los demonios en los lugares celestiales:
Efesios 3:10: “Todo esto es para que ahora sea dada a conocer, por medio de la iglesia, la multiforme sabiduría de Dios a los principados y las autoridades en los lugares celestiales.
Según el apóstol Pablo, la iglesia local es el epicentro real donde Dios actúa con poder para transformar vidas. Es como una trinchera donde se pelea la batalla por la verdad que liberta a los cautivos. O como el quirófano espiritual donde los matrimonios destruidos son restaurados y donde los pecadores muertos encuentran resurrección y perdón. Jesús no derramó su sangre por una idea abstracta, sino que dio su vida por una iglesia real que lucha con imperfecciones y debilidades. Por tanto, renunciar a congregarte simplemente porque te incomodan sus defectos es rechazar y menospreciar a la Novia que Cristo amó hasta la muerte en una cruz que no merecía. A pesar de todas sus manchas, arrugas y debilidades, Él jamás se ha rendido con ella. Y si tu Señor, siendo perfecto, no abandona a Su iglesia imperfecta, tú tampoco deberías hacerlo.
Querido Lector:
Sé de primera mano que el dolor más agudo que un creyente puede experimentar es, muchas veces, aquel que ocurre dentro de las paredes de una iglesia. Cuando las personas que deberían representar el amor incondicional de Dios terminan lastimándote, traicionando tu confianza o juzgándote con frialdad, la herida es devastadora. Si has sido herido o decepcionado dentro de una congregación, quiero que sepas que comprendo ese dolor. Sé que es un dolor real. La iglesia está compuesta por personas finitas que, debido a su propio pecado, a veces fallan y hieren profundamente.
Sin embargo, te ruego que no permitas que la imperfección de los hombres te robe la perfección de la obra de Cristo en tu vida. El enemigo quiere usar ese dolor como una excusa para aislarte, para llenarte de amargura y para convencerte de que no necesitas a nadie más que a ti mismo. Pero fuiste diseñado por el Creador para pertenecer a esta familia espiritual, con todas sus virtudes y defectos.
El Señor entregó su propia vida y derramó su sangre por la iglesia porque la ama entrañablemente. Te invito a que no huyas cuando las cosas se ponen difíciles. Descansa en la inagotable gracia de Dios, extiende el mismo perdón que a ti se te dio inmerecidamente en la cruz, y decide convertirte en un instrumento de sanidad, amor y unidad allí donde veas fallas. La iglesia no es un lugar del que debas escapar; es el lugar que necesita desesperadamente tu servicio, tu paciencia y tus dones. No te rindas, tu iglesia te necesita y tú la necesitas a ella.
Este artículo está basado en el material que preparé para la serie Preguntas Prohibidas para IBG Jóvenes, el ministerio juvenil de mi iglesia local, Iglesia Bíblica de la Gracia en Ahuachapán, El Salvador.

